Periodismo en Foco

Octubre 2025

El natalicio del Santo del Pueblo

José Gregorio Hernández, el hombre reconocido santo por un país mucho antes de su canonización

José Manuel Sánchez

Fotos y video: Lizaura Noriega

La canonización de José Gregorio Hernández ocurrió al fin tras una larga causa que llevó la Iglesia venezolana por más de 70 años. El hecho paralizó a un país completo. Hace siete días, muchos amanecieron para esperar el momento preciso en el cual León XIV elevara a los altares al «Médico de los Pobres» y a la madre Carmen Rendiles.

Este trámite, aunque celebrado, es simplemente el final de una gestión que la sociedad católica venezolana ya daba por hecho, puesto que, para muchos en el país, José Gregorio ya era un santo. Sus milagros, algunos ni siquiera encomendados a él, recorrían el país de una punta a otra.

Testigo de milagros

Un testigo presencial de ese proceso empírico que no se registró en la causa que llevaba la Iglesia venezolana, es monseñor Jorge Luis Villasmil Torres, quien comparte con el santo venezolano no solo su lugar de origen, Isnotú, estado Trujillo, sino también la casa donde el Dr. Hernández nació y vivió hasta sus 13 años.

«Viví en la casa de José Gregorio Hernández», dijo con voz alta y directa al micrófono de Foco Informativo este clérigo trujillano de 77 años. Fue en su niñez cuando vivió la experiencia de tratar con un sinnúmero de feligreses que llegaban al pequeño poblado preguntando por la casa del renombrado «Médico de los Pobres».

Uno de esos casos digno de llamarse milagro, aunque nunca llegó a las actas de la causa por su canonización, es el de un niño con labio leporino. Sus padres llegaron y pidieron al entonces simplemente Dr. José Gregorio Hernández que curara a su hijo de la malformación de nacimiento.

El sacerdote recordó que el padre y la madre llegaron a la casa. «Se veía que era gente fina, de cierta posición. Él (el papá) oró. Tenía al muchachito al lado de su señora. Ella no se arrodilló, pero estaba allí. El señor rezó con mucha devoción». Pasó el tiempo, como año y medio, más o menos, y llegó un matrimonio con un niñito. Llamaron, abrí, y él dijo: «No se acuerda de mí, vine a pedirle al doctor José Gregorio Hernández porque mi hijo nació con labio leporino».

El padre de familia contó al entonces joven Villasmil que una noche él y su esposa dormían cuando escucharon el llanto del niño. Cuando ambos corrieron a su cuarto, vieron que el niño tenía sangre en su cara, por lo que corrieron a la Emergencia más cercana para que curaran al pequeño. Los profesionales de guardia atendieron al niño.

«El médico tratante se acercó a los padres y aseguró que ‘la operación fue un éxito. Solo hubo un punto que el niño soltó con sus manitas, pero ya quedó perfecto'». Los padres, dubitativos, respondieron: «¿Cuál operación? Nosotros no hemos operado al niño», a lo que el doctor simplemente replicó: «Tranquilos, yo sé que ustedes están nerviosos».

El progenitor del pequeño regresó por segunda ocasión para arrodillarse nuevamente y dar gracias en la casa que una vez fue del Dr. José Gregorio Hernández, ese santo cuyos milagros eran cada vez más conocidos a lo largo y ancho del país.

Este tipo de visitas llevó al papá del ahora monseñor Villasmil a construir una pequeña capillita sobre la que colocó una estampa de un papel tipo carta. 

Reconocimiento innegable

Hoy, con el correr de los años, monseñor Villasmil recuerda que en ese momento y en otros más que vivió no tomaron nota de esos milagros en Isnotú porque Caracas era la autora de la causa para la santificación de José Gregorio Hernández.

«¿Y por qué Caracas? Bueno, porque él vivió más en Caracas que aquí. En Isnotú vivió hasta los 13 años, mientras que en la capital vivió hasta los 55. Caracas ama al Dr. José Gregorio Hernández, como lo amamos en Isnotú, el estado Trujillo y Venezuela entera, pero la causa de beatificación y canonización corresponde a la ciudad capital», explicó el clérigo andino.

En 2020, el milagro de Yaxury Solórzano, de 10 años, llevó a José Gregorio Hernández a obtener el rango de beato, luego que una bala perdida la alcanzara en un asalto. El proyectil estaba alojado en su cerebro y el diagnóstico médico no era el mejor.

Contra todo pronóstico, la niña tuvo una completa recuperación sin secuelas neurológicas, luego que sus padres y su comunidad oraran incansablemente a José Gregorio Hernández.

La Congregación para las Causas de los Santos, tras analizar el caso, consultó a un panel de médicos expertos del Vaticano. La conclusión fue unánime: la recuperación era científicamente inexplicable.

Dos años después, pero en Estados Unidos, un venezolano sufría el colapso de sus órganos blandos y presentaba compromisos en sus capacidades motoras e intelectuales. Una semana después, el paciente superó completamente su estado crítico. Su recuperación no tenía una explicación médico-científica, sino una milagrosa, pues los familiares y amigos iniciaron una cadena de oraciones pidiendo la intercesión del beato José Gregorio Hernández.

La revisión de este último caso adquirió especial relevancia en el contexto de la canonización equivalente por parte del papa Francisco, quien días antes de su fallecimiento permitió la santificación principalmente por la veneración ininterrumpida por más de un siglo y las virtudes heroicas ampliamente reconocidas del Dr. José Gregorio Hernández.
«La elevación a los altares del Dr. José Gregorio Hernández es para nosotros un gozo sin igual, pero no solamente para venerarlo. Los santos no son solamente para venerarlos. También son para aprovechar su intercesión y pedirles que recen por nosotros», subrayó el sacerdote con más de 50 años al servicio de la Iglesia

Las virtudes que contribuyeron a su santidad y veneración

Villasmil recordó que todos los estratos sociales de la capital apreciaban los conocimientos del Dr. Hernández y, como buen cristiano, no discriminaba. Esa cualidad lo colocaba en posición única para atender a los más necesitados con lo que recaudaba de la clase pudiente.

«Por la devoción de San José, obtenía de los que tenían dinero lo que necesitaba. Esto iba a una alcancía que estaba en la sala de espera de su casa. ¿Para qué? Para comprarles los medicamentos a los pobres, a quienes no cobraba», contó.
El sacerdote describe al Dr. José Gregorio como un hombre de fe, pero también de progreso, algo que podría concordar debido a su profesión, que lo obligaba a una constante actualización de conocimientos, los cuales aprendió en las grandes capitales de Europa. Por eso y por sus creencias, la que entonces se conocía como la Gran Guerra (I Guerra Mundial) lo mortificaba.

Este conflicto, que dejó más de nueve millones de muertos, finalizó con la firma del Tratado de Versalles la tarde del 28 de junio de 1919. La noticia del finiquito recorrió las calles de Caracas al siguiente día. Sin embargo, otra noticia congregó a toda la capital: el Dr. José Gregorio Hernández había muerto tras ser arrollado en el sector La Pastora, en la esquina de Amadores, centro de Caracas.

«Él lo dijo en la mañana: ‘Ofrecí mi vida por la finalización de la guerra’. Luego, en la tarde, tras ser arrollado, el Dr. Hernández pronunció sus últimas palabras: ‘Virgen Santísima'».

Según monseñor Villasmil, ese ofrecimiento a Dios de su vida a cambio de la paz convierte a José Gregorio Hernández en un «mártir por la paz mundial», así como sus otras cualidades, como su fe inquebrantable en Dios y su servicio a los más necesitados. Por lo que, en opinión del clérigo, «nosotros tenemos que buscarlo para que haya paz», acotó.

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